23 de Enero de 2019

Realmente lo que hay que abordar de cara al futuro es la gestión GLOBAL de nuestro tiempo vital, que podría superar los cien años. Habrá que dividirlo en tiempo para formarse, para dedicar a la familia, para trabajar, para ocio, para cuidarse, etc.. Deberemos asignar los pesos que queramos dar individualmente a cada una de estas categorías de manera dinámica, y lo que será más difícil, consensuarla con nuestro entorno natural, familiar, laboral y personal. Salvo una etapa inicial muy asociada a la infancia y juventud y una muy final asociada el envejecimiento severo, el resto de nuestra vida serán periodos en los que trabajaremos más o menos, con interrupciones y reanudaciones a la carta, con mas o menos horas de trabajo al día, y siempre por debajo de las ocho teóricas actuales, cinco días a la semana. El concepto de retiro casi desaparecerá. El retiro se asocia a incapacidad y agotamiento ante un trabajo muy físico, eso es el pasado. El trabajo del futuro será más mental y creativo, en equipos virtualizados o físicos y compartido. Yo imagino una especie de carnet por puntos. A una determinada edad y tras superar una etapa de formación se nos dará un saldo inicial de puntos que se ampliarán con trabajo y se gastarán en ocio, formación, salud, familia, etc. Asumiendo este escenario, el problema real es como gestionar el movimiento desde la situación actual a ese nuevo escenario y no morir como civilización en el intento. La clave: romper el paradigma de vivir para acaparar, aunque sea a costa de machacar al prójimo.