25 de Enero de 2019

Teniendo en cuenta la realidad actual, y mucho más las proyecciones que nos indican que a mediados del presente siglo, más de un tercio de la población española tendrá más de 65 años y triplicará la cifra de niños (de 0 a 15 años), ha llegado el momento de redefenir el concepto de vejez.

 

Hasta la fecha, se habla de vejez o tercera edad a partir de sobrepasar la mágica cifra de 65 años, que además coincidía hasta no hace mucho, con la edad de jubilación teórica. Maquillajes aparte, esta barrera indicaba que se era “viejo”; o sea, según la definición literal de la RAE: “Dicho de un ser vivo, de edad avanzada” o si lo utilizamos como adjetivo: “Deslucido, estropeado por el uso”.

 

Hace ya mucho tiempo que la psicología como ciencia que estudia la conducta humana, se vio en la necesidad de subdividir la infancia en tres etapas para poder describir, entender, y predecir el comportamiento de los niños en cada una de estas etapas. Si la población “vieja” va a triplicar a la de los niños, no deberá ser menos el esfuerzo por subdividir nuestra vejez en al menos, tres periodos. Desde mi posición de puro observador de lo que veo a mi alrededor y con la ventaja de no tener que dar ninguna lección magistral, me atrevo a proponer a los comités de expertos, definir las siguientes tres etapas para mi ya cercana “vejez”:

 

Edad Dorada, que iría desde los 65 a los 75 años.

 

Dorada porque si la salud, tal y como se definirá a continuación, nos acompaña; podremos disfrutar quizás, de uno de los periodos más gratificantes de nuestra existencia, orientado a disponer de nuestro tiempo para nosotros, nuestro ocio, nuestras aficiones y todo aquello que durante nuestra etapa activa profesional y familiarmente no pudimos hacer. También es muy posible, que durante esta etapa, el que quiera y pueda, mantenga cierta actividad profesional o laboral; eso sí, bajo esquemas de dedicación parcial y a la carta que no aborten la áurea composición de esta etapa.

 

• Edad de Asimilación o Metamorfosis, hasta los 85

 

Durante este periodo, iremos sufriendo cambios más o menos paulatinos o bruscos, según las circunstancias, en las que nuestro cuerpo deberá aprender a hacer las cosas más lentamente, con menos frecuencia y en algún momento, a tener que dejar de realizar ciertas actividades físicas o vitales. El futuro empezará a ser un concepto irreal y será mejor no pensar en el pasado. Por ello, la clave será vivir el presente con una calidad de vida suficiente y aceptada por nosotros. Dicho de otro modo, será una especie de anti-pubertad.

 

• Edad de Dependencia, desde los 85 hasta lo que duremos

 

En esta etapa normalmente, cada vez seremos más dependientes; primero de un simple bastón y luego de otro tipo de ayudas técnicas o personales. Deberemos afrontar en algunos casos, la necesidad de abandonar lo que haya sido hasta ese momento nuestro hogar y buscar otras opciones que nos permitan mantener una calidad de vida aceptable.

 

No estoy describiendo un escenario pesimista o derrotista. La suerte de vivir muchos años tiene, bajo una pura teoría probabilística, este tipo de peajes. El negar esa realidad, hará mucho mas dura esta etapa si llegamos a ella. Y aunque nos pueda parecer lejana en otros momentos de nuestra existencia, debemos estar preparados. Nadie se queda en este mundo y la física ya estableció hace mucho tiempo la Ley de la Entropía:

 

“La entropía es el desgaste que se presenta por el transcurso del tiempo o por el funcionamiento del mismo. Los sistemas entrópicos tienden a desaparecer por el desgaste generado por su proceso sistémico”.

 

Esta segmentación está muy condicionada por los parámetros individuales que cada uno tengamos, gracias a nuestra disciplina, constancia y por supuesto suerte, en la medida que vayamos llegando a cada uno de estos grupos de edad. Mi aspiración personal sería poder prolongar mi edad dorada lo máximo posible y evitar caer en la edad de dependencia, aunque tenga la dicha de superar los 85 años.

 

¿Qué es lo que va a influir en la asignación individual de nuestro momento temporal para ir saltando de un grupo de edad a otro?: la salud. Muchos diréis: ¡pues vaya descubrimiento, eso es una obviedad!. Lo que quizás no sea tan obvio, es indicar qué se entiende por salud. Y ahí va de nuevo, mi atrevimiento para definir qué es salud.

 

La salud hablando de “vejez”, tiene cuatro facetas:

 

• Salud mental

• Salud emocional

• Salud física

• Salud financiera

 

Y el orden indicado es con toda la intención. Si hablamos de vejez, los que tenemos la desgracia de tener en nuestro entorno cercano, personas con discapacidades mentales como el maldito alzheimer, sabemos que esto es lo peor que le puede pasar a un ser humano. Es una muerte mental en vida física que afecta a la persona y a su entorno de una manera dramática.

 

A continuación sitúo la salud emocional, entendida como nuestro estado de ánimo en general, la satisfacción con nosotros mismos, nuestra capacidad para gobernar y dirigir nuestros sentimientos y la fortaleza para afrontar posibles dificultades. Se puede estar sano mentalmente, pero no emocionalmente. Por suerte, este tipo de “salud” va muy ligada a la persona y la podemos controlar y alimentar si la trabajamos adecuadamente.

 

En tercera posición, la salud física; mezcla de nuestra genética, nuestra suerte en la vida y también de nuestro trabajo personal, entendido como vida sana, actividad física y alejamiento de excesos.

 

Y por último y muy conscientemente, sitúo nuestra salud financiera. Si mental, emocional y físicamente estamos bien de salud, nuestra salud financiera nos ayudará y/o permitirá acometer proyectos vitales durante nuestras distintas “vejeces”. Sin olvidar la etapa de dependencia, donde la salud financiera, cobrará más peso si no queremos “depender” también en la parte económica. Hablando claro, y teniendo en cuenta la mayor probabilidad de alcanzar edades avanzadas, los planes financieros para el retiro o la jubilación deben considerar que la etapa de dependencia será altamente consumidora de recursos económicos.

 

Aunque pueda parecer lo contrario, no quiero finalizar esta breve reflexión transmitiendo un mensaje negativo. Todo lo contrario, lo que nos aporta el alargamiento de la vida es especialmente el periodo que he calificado como “Edad Dorada”, definida como el “Tercer Tiempo” del rugby, según se define en la wikipedia:

 

“La denominación de tercer tiempo busca transmitir que el juego (juventud y etapa adulta en nuestro caso) no acaba con la eventual victoria o derrota, sino con la camaradería y la diversión (edad dorada )”