El espectáculo Fútbol

Tras unos días de plácidos sueños, sin recuerdos de vuelta en mi despertar diario, anoche volvió a ocurrir. Tengo que seguir tratando de averiguar qué es lo que produce este anómalo comportamiento en mi descanso nocturno. Mientras tanto, me veo en la necesidad de plasmar mis recuerdos, ya que no puedo desperdiciar la oportunidad que se me brinda de anticiparme al futuro.

 

En esta ocasión, mis sueños discurrían alrededor de cómo sería un partido de fútbol, o quizás mejor llamarlo espectáculo, por lo que leeréis a continuación.

 

No es que en mi sueño estuviera viendo un partido concreto, sino que más bien, se me revelaban diversos aspectos de lo que será el mundo del fútbol en el año 2039.

 

Sé que en algún momento del sueño tuve acceso a la lista de los próximos campeones de la Champions, pero lamentablemente no forma parte de los recuerdos que me he traído de vuelta. Por lo tanto, seguiré sin saber si en algún momento de los próximos veinte años, el equipo de mis amores y disgustos logrará por fin, levantar una, o por qué no varias, de las “orejonas”; rompiendo así ese apodo del “pupas” que con toda razón nos han asignado. Lástima de este lapsus mental, ya que la realización de este deseo habría tenido perfectamente cabida dentro de un sueño personal.

 

Volviendo el foco a lo que me fue revelado durante mi sueño, lo primero que me llamó la atención fue que en los partidos de fútbol solo hubiera veintidós participantes dentro del rectángulo de juego. Sí, parece que que ya no serán necesarias esas denostadas figuras de los árbitros y los linieres, al menos de manera física. Todo ello para descanso y tranquilidad de sus madres y familias que ya no eran mentadas en cánticos y exabruptos durante los encuentros. La razón de tan significativa “¿mejora?” era puramente tecnológica. Parece que la apertura introducida en el año 2018 con la irrupción del “VAR”, habría tenido un sinfín de nuevas mejoras y aplicaciones que revolucionarán el arcaico mundo del balompié.

 

Las líneas del campo de fútbol estaban sembradas por un gran número de sensores subterráneos, al igual que el balón y también los trajes y botas de los jugadores, que eran denominados “inteligentes”. Todos estos sensores estaban conectados de manera inalámbrica de corto alcance, cifrada y segura con el “AVO” (Arbitraje Virtual Optimizado). Este “ente” era el que, en tiempo real aplicando modelos analíticos basados en inteligencia artificial, juzgaba todas las situaciones del partido: ya fueran los difíciles fueras de juego, los goles fantasma, las faltas dentro o fuera del área, e incluso, las simulaciones y teatralizaciones de los jugadores; que dicho sea de paso, llevaban más de diez años desaparecidas de la escena de este deporte.

 

El “AVO” bloqueba en tiempo real el movimiento del balón a la vez que sonora y visualmente, indicaba el por qué de la detención del juego. La decisión era mostrada y explicada en pantallas tanto gigantes en el campo como personales en cada asiento de los espectadores, mientras el juego se reanudaba. Estaba en fase experimental la integración de estas explicaciones vía “holomensajes” con el “mentálfono” personal de los asistentes.

 

Por lo que recuerdo, este progreso en el arbitraje, había tenido un camino no exento de dificultades, incluidas fases de arbitraje en paralelo con árbitros como los actuales, con voto de calidad para el arbitro humano. Asimismo, habrían existido numerosas versiones del AVO, que lo habrían ido mejorando progresivamente hasta despejar cualquier incógnita y duda sobre su aceptación.

 

Se hablaba de tasas de error por debajo del uno por millón y que el AVO era capaz de analizar unas 100 situaciones de juego por segundo. Si realizáis los correspondientes cálculos, veréis que en los noventa minutos de un partido se llegaban a analizar, en tiempo real, quinientos cuarenta mil eventos. Osea, como peor escenario, un error cada dos partidos, siendo prácticamente cero la probabilidad de que este error coincidiera con una situación decisiva del partido.

 

Como anécdota, parece que inicialmente se habló sólo de “AV” (Arbitraje Virtual) y que la introducción de la “O” en el nombre coincidió con la desaparición definitiva del árbitro físico. Por supuesto, estas mejoras tecnológicas también habían llevado a que el tiempo efectivo de juego de cada media parte fueran cuarenta y cinco minutos exactos.

 

Esta “granja de sensores” no solo habría posibilitado mejoras en el arbitraje con la consiguiente desaparición de disputas e injusticias, sino que también habría revolucionado la manera de presenciar el espectáculo por los espectadores. De hecho, se hablaba de “vivir” el partido en vez de usar términos como presenciar o asistir.

 

Ya he mencionado la incorporación de pantallas individualizadas en cada asiento, con opción de rebobinar y revivir cualquier jugada acaecida durante el partido, especialmente en los tiempos de descanso o interrupciones del partido.

 

Pero, lo realmente diferenciador era la introducción, mediante un precio diferenciado obviamente, de la posibilidad de “sentir” el partido desde la perspectiva de un jugador concreto, de campo o de banquillo, entrenador o cualquier otro participante directo o indirecto. Ahora entenderéis porque se hablaba de “vivir” el espectáculo. Por temas de ancho de banda que aun no estaban resueltos, había un límite en el numero de espectadores que podían experimentar las sensaciones de cada participante. También os llamaría la atención que no todos querían seguir al jugador estrella, la visión desde el banquillo, como entrenador o jugador suplente, tenía una buena aceptación.

 

Por supuesto, estas posibilidades también estaban basadas en los sensores incorporados en los participantes y en el resto de la granja de sensores. Parece que de momento, solo se habría permitido el uso de sensores externos y estaba prohibida la implantación de cualquier sensor interno de tipo cognitivo; o mejor dicho, al menos su uso para estos efectos. Quedaría para un futuro más lejano el sentir junto con la perspectiva espacial, la parte emocional que los participantes experimentaban durante los diversos lances del juego.

 

También me fueron revelados muchos cambios en la reglamentación, no ya del juego en sí, que seguía siendo básicamente el que conocemos actualmente, sino en la regulación económica de los clubes y la política de fichajes. Se trataba de buscar la competitividad y darle emoción al juego, de modo que la posibilidad de ganar el campeonato estuviera mucho más abierta que lo que sucede en nuestro mundo presente. No eran reglas especialmente novedosas, ya se habían aplicado antes en otros deportes, muchas provenían de la NBA. Existía un presupuesto mínimo para que un club pudiera participar, pero también un presupuesto máximo. Esto era entendido como “presupuesto de participación” y era el que se destinaba a gastar y pagar la plantilla actual y a la política de fichajes. En esa plantilla se consideraban entrenadores, jugadores, personal médico, fisioterapeutas, psicólogos, utilleros. Otro tema era el balance económico propio del club del que formaban parte no solo el presupuesto de participación, sino el resto de ingresos y gastos del club. También se obligaba a invertir parte del presupuesto en la cantera y otras partidas de carácter social y benéfico.

 

En cuanto a los fichajes, se había heredado años atrás la filosofía de los drafts de la NBA. Obviamente hubo un gran debate inicial, pero a la vista de los resultados en términos de competitividad, emoción e incertidumbre en los resultados, ya nadie se acordaba de esta fase reactiva.

 

Lo último que recuerdo de mi sueño ficción, era el concepto del espectáculo en sí. Los campos de fútbol se habían convertido en verdaderos “centros de ocio”. Los campos renovados recientemente habían construido estos centros de ocio en espacios contiguos, pero los campos tradicionales habían tenido que definir estos centros de ocio en áreas extendidas y aprovechar las facilidades de“trasporte aéreo eco-propulsado” disponibles en esa época y que permitían llegar en pocos minutos, a veces solo segundos, de un área a otra del centro de ocio extendido.

 

Los espectáculos, podían durar media jornada o jornada completa o la opción actual de solo asistir al partido. La entrada ofrecía un menú de opciones a la carta con un precio diferenciado. Entre las opciones estaban asistir al partido o partidos previos, algo similar a los teloneros de los conciertos musicales actuales, combinar con opciones diversas de ocio, salud y restauración. Dentro del centro de ocio se combinaban spas, gimnasios, salas de video juegos y distintos tipos de restaurantes.

 

Recuerdo vagamente alguna idea en fase experimental para realizar encuentros de robots. Detrás de cada robot existiría un equipo de ingenieros y/o ingenieras, encargados de programar y optimizar su rendimiento antes, durante y después de los partidos. Así, se podían realizar cambios de programación en tiempo real durante los partidos reaccionando a la táctica del equipo contrario y al resultando del lance. En esta fase inicial estaban prohibidos, de momento, los fichajes de robots de un equipo a otro. También era obligatorio que los equipos de robots estuvieran asociados a un club de fútbol, como si fuera una categoría más del mismo. Tampoco se aventuraban en un futuro cercano, encuentros mixtos entre robots y humanos.

 

Hasta aquí lo que recuerdo de mi sueño. Puede que en estos recuerdos se entremezclen algunos deseos o ilusiones, y por qué no, también utopías. Eso es lo bueno de los sueños: todo tiene cabida en ellos. Solo aquello que se sueña, se puede convertir algún día en realidad dejando de ser pura ficción.