Una tarde de cine en el 2039

Continúan mis sueños ficción sobre mi futuro cuando tenga ochenta años, allá por el 2039.

 

Hay tres aspectos que empiezan, no ya tanto a preocuparme; sino más bien, a llamar mi atención. El primero es que mis sueños revelan cómo será el mundo que me rodee y no, como parecería lógico, cómo sobreviviré yo en ese mundo, como sujeto único y diferenciado. Otro punto que destaca en mis sueños es, que hasta la fecha, la mayor parte de ellos giran entorno al ocio y su uso y disfrute en esa época futura. Me llego a plantear si será así, solo motivado por mis circunstancias personales actuales o porque realmente la faceta ocio en el futuro superará a cualquier otra dimensión vital. Por último, me intriga el que empiezan a gustarme estas experiencias. Cada vez que voy introduciéndome en el albor de mi descanso nocturno, siento el deseo de adentrarme en sus consecuencias. Y aun más, la necesidad de traerme de vuelta algún retro-recuerdo que pueda reproducir en este pequeño diario que he empezado a confeccionar para desahogar mis pensamientos y tranquilizar mis incertidumbres.

 

La última experiencia retornada comenzaba una mañana de un día cualquiera de ese año, con mi yo octogenario inmerso en sus pensamientos y sin saber a qué dedicar la tarde. Como de costumbre, mi “Asistente personal telepático” vino al rescate y me sugirió disfrutar de una tarde de cine “one to one”. La idea parece que me gustó. Me convenció para que me colocara el “AAE” (Antifaz de autoanálisis emocional). Este extraño dispositivo, al igual que un antifaz de nuestra época, tapó mis ojos y rodeó mi frente. Instantáneamente, apareció un holomensaje indicando: “inicio electroencefalograma emocional”.

 

En menos de un par de segundos, un nuevo mensaje solicitó mi permiso para transmitir el resultado al menú de cine “one2one”. Acto seguido, tras mi consentimiento, mi asistente empezó con una lista de preguntas dirigidas a confeccionar al más mínimo detalle esta experiencia personalizada. Lo primero era elegir si en casa o en centro de ocio, si solo, acompañado de mi “partner” o con grupo de amigos, reales o virtuales. La recomendación que se me dio tras el uso del AAE era centro de ocio con mi “partner”, tal parece que esa era la opción óptima para mi estado emocional en ese preciso instante.

 

A esta recomendación le siguió un nuevo holomensaje: “Confirme autorización para incorporar base de datos sobre preferencias de su partner”. Me recordó a la declaración de la renta cuando el programa te pregunta si deseas incorporar datos del cónyuge para declaración conjunta. Tras esta nueva opción siguieron más preguntas. No voy a aburriros con una exhaustiva lista de las mismas porque podría parecer interminable, aunque lo cierto es que en la realidad ficcionada del sueño, todo transcurría en unos pocos segundos.

 

Y ahí me encontraba yo, con una oferta lista para ser negociada con mi partner, y en caso afirmativo, disponernos a disfrutar de una maravillosa experiencia de cine en el futuro. No me traje de vuelta los recuerdos de la negociación, quiero pensar que este tipo de temas serán objeto de una posterior revelación en mis sueños. Ciertamente, me intriga saber si las relaciones personales y afectivas serán muy distintas de las actuales, especialmente en materia de pareja. Aún más, ansío saber si en alguna visión futura también me serán descifrados los temas relacionados con la parte relacional en materia de sexo. Ahí sí espero que el sueño sea generoso y se adentre, no solo en las circunstancias globales; sino que muestre al menos algo, de cómo será mi caso concreto a mis ochenta años. Démosle tiempo al tiempo y dejemos que estas revelaciones sigan su curso natural.

 

Volviendo al sueño que nos ocupa, parece que la idea de pasar una tarde de cine a solas como pareja octogenaria bien avenida, le satisfizo a mi “partner”. Le hizo especial ilusión el que volviéramos a ver una película romántica que ya habíamos visto otras tres veces y que esta vez hubiera elegido disfrutar de la perspectiva desde un par de actores secundarios.

 

Al analizar los recuerdos de vuelta en mi despertar diurno, me costó asimilar estas últimas afirmaciones. Pero sí, parece que las películas en el futuro se podrán ver en varias ocasiones ya que el desarrollo y resultado final dependerá de una serie de circunstancias que podrán ser elegidas dentro de un menú y complementadas en tiempo real en base a las circunstancias personales de los que las estén viendo.

 

Vayamos paso a paso para descifrar este enigma. Como sabemos, las películas constan de un número determinado de escenas que se graban varias veces hasta elegir la más adecuada a ojos del director. En una fase posterior se montan en secuencias y se produce lo que todos los espectadores, de forma unívoca, visionarán. Lo que la película quiere transmitir, el mayor o menor realismo en las escenas y sentimientos o el protagonismo de cada uno de los actores, vienen prefijados en el resultado final. En algunos casos excepcionales, se logra un cierto grado de ambigüedad, que posibilita alguna ligera variabilidad en lo que perciben, o pudiéramos decir sienten, los espectadores. Pues bien, parece que en unos años todo esto sufrirá notables cambios, especialmente orientados a crear experiencias diferenciadas, y en alguna medida irrepetibles, para los espectadores.

 

Esto se logrará en base a tener distintas tomas de cada una de las escenas, por toma no se entiende elegir la mejor actuación para una misma escena, sino tener distintas teatralizaciones de cada toma e incluso varias tomas buenas de cada teatralización. Todo ello se grabará en una especie de base de datos que junto con el orden de las escenas, será lo que se conocerá como película. El montaje final de la película se producirá en tiempo real, eligiendo una de las distintas tomas y/o teatralizaciones para cada una de las escenas, únicamente respetando el orden prefijado por el guionista. La pregunta que espero os estéis haciendo ahora, es quién y en base a qué, se determina la toma que se elige en tiempo real para el montaje final.

 

Esta es la respuesta que me traje de vuelta de mi sueño ficción: En cada sala de proyección, habrá un espectador activo que llevará conectado un dispositivo similar al “antifaz de autoanálisis emocional” que en función de lo que se vaya percibiendo como respuesta emocional del espectador activo seleccionará de la base de datos de la película, la toma adecuada. El resto de espectadores “pasivos” verán la misma realización final que el “activo”. Las salas de proyección podrán ser cabinas para uno o dos espectadores, o salas para grupos de diferentes tamaños. Así se permitirá distintas alternativas de socialización para la experiencia de ir al cine.

 

Si ya pensáis que todo ha quedado dicho, aun queda una novedad adicional. En las distintas tomas guardadas en la base de datos para cada escena, no solo se guarda la imagen y el sonido, sino también otra serie de datos que compondrán la experiencia que siente cada actor en el momento de la grabación. Así, cuando se vea y oiga la escena, también a través de un dispositivo de realidad virtual adicional, se dispondrá de la experiencia que estaba sintiendo un actor concreto en el momento del rodaje. Solo se podrá elegir un actor por espectador y por cada película.

 

Espero haber sido fiel a lo que creí percibir en mi sueño y que hayáis comprendido el por qué ir al cine en el futuro será una experiencia única e irrepetible. De modo que una misma película, no siempre produzca el mismo resultado, ocasione las mismas reacciones ni se vea desde la misma perspectiva cada vez que un mismo espectador repita su visualización.

 

Si algo de lo que os he transcrito os ha resultado inverosímil o difícil de entender o asimilar, prometo que lo entenderéis después de una pequeña pausa publicitaria de unos veinte años. Hasta entonces disfrutad o sufrid la realidad actual del mundo del cine de los años veinte del siglo veintiuno. Quizás si lo comparáis con el cine mudo y en blanco y negro de los años veinte de un siglo antes, lo podréis entender.

 

Quizás alguno se pregunte si no llegará a ser aburrido el poder ver varias veces una misma película, aunque tenga un desarrollo y final distintos. O si eso no limitará el número de películas disponibles, o incluso, cómo afectará a las distintas profesiones del mundo del cine o cómo se otorgarán los premios a los mejores actores y actrices. Preguntas claramente abiertas y susceptibles de respuestas individualizadas para cada uno de mis creativos lectores.

 

Ahí os dejo un símil para despertar vuestro razonamiento. Casi todos los días nos sentamos a la mesa a comer, puede que en la misma compañía, o no, incluso en soledad con nosotros mismos. Asumiendo que estamos en la parte del mundo que es afortunada, normalmente podemos tener un número de platos prefijados: digamos un primero, un segundo, postre o fruta y quizás café. Y ahí va la reflexión final: bajo esta hipótesis, ¿son todas vuestras comidas iguales?, ¿acaban todas del mismo modo?, ¿os llegáis a aburrir de comer?, ¿es siempre el mismo el que elige el menú y/o prepara la comida?. Si respondéis sí a la mayoría de estas preguntas, queda claro que el cine del futuro no os gustará aparte de que podáis ser calificados como personas ciertamente aburridas. En caso contrario, ya estáis experimentando casi a diario algo parecido en cuanto a variabilidad e incertidumbre en el resultado, a lo que será una película del futuro.

 

Espero que esta última reflexión os acompañe en la pausa necesaria en los próximos veinte años. Siempre y cuando además, tengáis la suerte de continuar en este mundo al final de dicho periodo. Al menos me conformaría con que esto os ayudara a hacer mas divertidas y amenas vuestras comidas.

 

Un retro-recuerdo adicional, en el cine del futuro no se se necesitará disponer de móviles (teléfonos) para superar la película (es decir la comida en este símil).