Robots con Número de Identificación Fiscal (NIF)

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente …...... Y además tendrás que pagar impuestos”

 

Estas son las dos maldiciones que han perseguido al ser humano durante siglos. La primera dicen que fue una maldición bíblica como castigo por haber querido ser como los dioses y que llevaba en el mismo lote la necesidad de procrear para mantener la especie. La segunda es una maldición creada por los gobiernos, ora absolutistas, ora democráticos o dictatoriales. Los impuestos nos dan derechos como ciudadanos y desgraciadamente llevan en el mismo lote, la desgracia de sufrir la mayoría de las veces, malos gestores. Incluso peor, tener que ver como corruptos o ególatras, dilapidan el sudor de nuestra frente.

 

En estas profundas reflexiones me hallaba yo anoche, mientras en un duerme-vela, dormitaba, plácidamente tumbado, frente a la insufrible televisión. Como de costumbre, recibí una amable invitación para abandonar tan placentera posición usando como medio de comunicación una amorosa sacudida en mi cuerpo:

 

¿Por que no te subes a dormir?…… (y dejas de roncar, añadí yo internamente, fruto de un modelo asociativo de mi inteligencia natural)

 

Vistos semejantes antecedentes, no es de extrañar que alguna de las escasas neuronas de mi gastado cerebro, se quedara enquistada en estos sesudos pensamientos y gracias a ello fuera premiado con un nuevo sueño ficcionado. En este caso, sobre como será el entorno laboral allá por el año 2039 y muy especialmente, si persistirán las dos maldiciones anteriormente mencionadas. Y en caso afirmativo, como desgraciadamente sería lo más probable, qué características diferenciales habrá comparadas con la realidad actual.

 

Lo único que recuerdo es que estaba “psico-leyendo” un artículo de la prensa digital que analizaba la distribución de la pirámide de edad de la población española en 2039. Esta población estaba formada por unos 45 millones de personas, fruto de un pseudo equilibrio entre natalicios y defunciones mantenido en los últimos veinte años. Como sujeto soñador anclado en el 2019, este dato no me causaba impresión más allá de la asunción que España siguiera siendo la misma España o que una supuesta segregación hubiera tenido un impacto mínimo en el volumen de la población.

 

Se completaba esta cifra indicando que de esos 45 millones, 27 configuraban lo que se denominaba “población activa” que debía seguir siendo lo mismo que ahora entendemos por tal, si no fuera por la matización que se hacía para explicar que esos millones correspondían a la franja de edad entre veinticinco a setenta y cinco años.

 

Pero para mi sorpresa, cuando descubrí mis retro-recuerdos del sueño, se añadía a continuación del número de personas: “más 5 millones de robots, con lo que la población activa asciende a 32 millones en 2039”. Es decir, ¡como población se sumaba a las personas y a los robots!. No quedaba ahí mi retro-angustia, recordaba también una nota al pie del “psico-artículo” indicando que solo se contabilizaban en dicha cifra los robots con fines laborales y quedaban excluidos los domésticos y los de otra categoría que agrupaban como de ocio/divertimento/placer. No me fue revelado en este sueño qué se entendía como robots de placer, aunque una mente calenturienta podría darle una fácil explicación. Temo, pero a la vez quizás ansío, que alguno de mis próximos sueños transite por estas experiencias.

 

Parece que este tipo de contabilización era tan obvio en mi sueño que no se me revelaron visiones adicionales que me pudieran permitir entender todas las interrogantes que me han surgido al recordarlo. Por ello, no me ha quedado más remedio que hacer algunas investigaciones, cálculos y extrapolaciones a mi vuelta del mismo.

 

Asumo acertadas las estimaciones actuales sobre la pirámide de edad en el 2039 y que curiosamente, como no podría ser de otra manera en un sueño ficcionado con retro-vuelta al presente, coinciden en la cifra de 45,6 millones como la población de esta nuestra España en dicha fecha.

 

Otros datos que acompañan a estas estimaciones muestran una mágica distribución entre lo que se consideraba población activa en mi ficción (25 a 75 años) con un 60% del total, dejando el resto paritariamente distribuido entre menores de 25 y mayores de 75, con un veinte por ciento cada grupo. También aventuran cerca de 50.000 centenarios en esa fecha, pero siendo tres cuartas partes de ellos mujeres. En esta guerra de sexos, llama la atención que hasta los 70 años habrá una perfecta igualdad en el número de hombres y de mujeres. Pero esa igualdad se desploma en la franja superior a los 70 años, con mas de un millón de mujeres más. Es decir que mi generación, también conocida como “baby-boomers”, seguirá sufriendo una discriminación positiva hacia las mujeres en cuanto a longevidad.

 

Esta última parte posiblemente sea irrelevante para mi sueño-ficción, pero ya que estamos la considero interesante para aquellos lectores presentes que no hayan saltado de la nave mundo en la fecha de mis ficciones. Especialmente aquellos que a día de hoy ronden o superen los cincuenta años, deben tener claro que el sexo sí que importa; o mejor dicho, el género, para evitar malentendidos.

 

Volviendo la mirada a nuestros robots, tratando de encontrar la piedra Rosetta para descifrar el mensaje comunicado en mi sueño ficción al decir que la población activa eran 27 millones de personas y 5 millones de robots, me pregunto: ¿querría ello decir que esos 5 millones de robots, tendrían un NIF, quizás diferenciado de los de las personas por la letra inicial? Y os preguntaréis, para qué necesitan una identificación fiscal. La respuesta no puede ser más simple: los robots deben ser castigados con las mismas maldiciones que los humanos. Es decir, trabajar, en su caso en vez de sudar por la frente consumirán algún tipo de energía por sus circuitos, y pagar impuestos. Para esto último necesitarán un NIF. Bueno, ellos o sus amos. Esta será la única forma de mantener la sostenibilidad del modelo económico-político en el futuro.

 

La primera reacción ante semejante revelación podría haber sido de retortijón de tripas, pero yendo un poco más allá podría tener su sentido.

 

No es desmesurado pensar que al menos un tercio de las actividades laborales actuales serán realizadas por robots en un futuro más o menos cercano. Pensemos que también se crearán nuevas profesiones relacionadas con los robots para su investigación, diseño, desarrollo, programación y optimización, mantenimiento y reciclado ecológico de sus componentes, entre otras. Incluso podemos aventurar la aparición de empresas que se dediquen a gestionar la subcontratación de robots o un nuevo mercado de activos basado en la compra-venta de los mismos.

 

El resultado final, si nos creemos la cifras de población activa englobando seres humanos y robots, será que en grandes números los robots representarán un veinte por ciento del total. ¿Puede la sociedad prescindir de un veinte por ciento de sus ingresos vía IRPF?. La respuesta es obvia y la conclusión clara, los robots, es decir, las empresas que se beneficien con su trabajo, deberán cotizar por ellos como pseudo-personas físicas. En el lado positivo de esta balanza deberemos considerar que los humanos dispondremos de un 20% más de tiempo libre gracias a los robots. En un simple cálculo, esto representa o jornadas de trabajo de unas 6 horas o semanas laborables de 4 días.

 

Una última consideración o profecía relacionada con ese tercio de profesiones con fecha más o menos cercana de caducidad. Entre las llamadas a desaparecer estarían, aparte de las obvias relacionadas con la industria y la fabricación, las de conductores, vendedores, auditores, contables y en general cualquier trabajo no creativo, repetitivo y sujeto a horario y normas claramente definidas.

 

En el otro extremo quedarían, entre otras, artistas, creadores, profesores, psicólogos, terapeutas, entrenadores deportivos y todo lo relacionado con la medicina. Por ejemplo, no es creíble que confiemos una operación a vida o muerte o la extracción de una muela, a seres sin sentimientos y en los que nosotros o nuestros familiares no puedan ver en sus ojos mientras manejan el bisturí o las tenazas, su mismo miedo. O que consintamos que nuestros hijos sean educados por máquinas y mucho menos, que nuestras miserias mentales sean analizadas por seres de plástico y metal.

 

Según la predicciones actuales, parece que tampoco los políticos serán susceptibles de ser reemplazados por robots. Dejo al criterio de los amables lectores la calificación de la bondad o maldad de este pronóstico.

 

Como mente pensante ubicada en el año 2019 y asumiendo que la llegada de los robots a nuestras vidas es un hecho palpable que crecerá de manera importante en poco tiempo, lo que hay que abordar de cara al futuro es la gestión GLOBAL de nuestro tiempo vital, que podría superar los cien años. Habrá que dividirlo en tiempo para formarse, para dedicar a la familia, para trabajar, para ocio, para cuidarse, etc.. Deberemos asignar los pesos que queramos dar individualmente a cada una de estas categorías de manera dinámica, y lo que será más difícil, consensuarla con nuestro entorno natural, familiar, laboral y personal. Salvo una etapa inicial muy asociada a la infancia y juventud (hasta los veinticinco años en mi sueño) y una muy final asociada el envejecimiento severo (en algún momento no antes de los 75 años), el resto de nuestra vida serán periodos en los que trabajaremos más o menos, con interrupciones y reanudaciones a la carta, con mas o menos horas de trabajo al día, y siempre por debajo de las ocho teóricas actuales y de los cinco días a la semana.

 

El concepto de retiro casi desaparecerá. El retiro se asocia a incapacidad y agotamiento ante un trabajo muy físico, eso es el pasado. El trabajo del futuro será más mental y creativo, en equipos virtualizados o físicos y compartido con robots con NIF, que además también serán los que posibiliten la reducción del tiempo dedicado al trabajo.

 

Hasta aquí el análisis de este extraño sueño ficción. Esta vez lo revelado fue poco comparado con la inquietud analítica despertada con la interpretación de sus augurios. Espero y deseo que los siguientes sean más explícitos en los detalles, especialmente si en ellos aparecen esos que me fueron presentados como robots de ocio/divertimento/placer.