Sexo aturronado: muchos gustos y variedades

De tanto pensarlo y después de haber estado cerca de conseguirlo en anteriores sueños, como cuando transité por el cine con realidad virtual compuesto de imagen, sonido y sensaciones, o cuando me revelaron una categoría de robots dedicados a ocio/divertimento y placer; estaba claro, que antes o después, llegaría el día, o mejor decir la noche, en la que mi ficción navegase por la futura realidad de las relaciones sexuales.

Todos mis sueños han tenido un deseo fundamental de aventurar cual será la realidad futura de cada uno de los tópicos que he ficcionado, pero también ha habido cierto morbo por extrapolar cuál podría ser mi realidad concreta en cada uno de ellos.

Lo que nunca hubiera imaginado era cómo iban a desarrollarse los acontecimientos antes y durante mi nuevo sueño ficción.

Resulta que anoche, rebuscando por los escondites de la despensa, casualmente descubrí intacta una tableta de turrón de chocolate que por algún extraño motivo debió ser indultada de su destino final en las pasadas navidades. Tamaña provocación fue difícil de ser resistida y caí inevitablemente en la tentación de cumplir con el fin previsto inicialmente para semejante manjar. Pienso que la inyección de azúcar y las supuestas propiedades afrodisíacas del chocolate, envuelto en los enigmas de la noche, debió actuar como catalizador para la elección del tema de mi nuevo sueño ficción.

Los recuerdos del mismo comienzan conmigo inmerso, gracias a mis “gafas de tele-realidad virtual”, en la “teletransmisión emocional” de una entrevista a una sexóloga muy reputada en el año 2039. La entrevista comenzaba con ella haciendo el siguiente y extraño razonamiento:

“La evolución sufrida en el tipo y alternativas de las relaciones sexuales en los últimos años, podría compararse a lo sucedido con ese apetitoso manjar que conocemos como turrón. A mediados del siglo pasado solo existían dos variedades: blando y duro. El turrón solo tenía un objetivo: festejar las navidades y no se consumía fuera de ese periodo. De repente, las variedades del turrón se multiplicaron y se presentaron y disfrutaron bajo diversos sabores, variedades y colores, introduciéndose muchos más componentes que los originales. Adicionalmente, el turrón pasó a ser consumido en cualquier época del año y sin necesariamente ser asociado a las navidades. Aunque siguió habiendo personas tradicionales que solo lo consumían en este periodo y bajo la forma del turrón de toda la vida. Pues algo así ha sucedido con la evolución de nuestras relaciones sexuales, han aumentado las posibilidades de las mismas, podríamos decir que como los sabores y variedades del turrón, hay componentes nuevos: realidad virtual, humanoides. Y por supuesto, hay quién es defensor de las formas tradicionales de tener sexo y circunscribirlo a las relaciones de pareja”

Yo no parecía estar perplejo ante tales afirmaciones, como lo estuve al volver de mi sueño al presente y recordar esas mismas palabras.

Seguía razonado la experta entrevistada:

“Se tardaron muchos siglos en entender que las relaciones sexuales tienen una componente de placer y quizás de necesidad, que no debe verse exclusivamente asociada al tema reproductivo de la especie. Al igual que la especie humana necesita comer para seguir viva, pero puede disfrutar mientras lo hace, lo mismo se podría decir del sexo. Y en ambos casos, la necesidad está encaminada a satisfacer o usar ciertos órganos del cuerpo, pero el placer reside en la traducción de la estimulación sensorial y orgánica en placeres cognitivos desplegados en nuestro cerebro”

El tema se iba poniendo cada vez mas interesante y a la vez confuso, en ese ida y vuelta futuro-presente que se producía en mi cerebro, y por supuesto en mi imaginación, al tratar de entender este nuevo sueño ficcionado.

Aun más, mi tele-visión seguía afirmando:

“Una vez asumido durante el siglo pasado que las relaciones sexuales se ejecutan a través de órganos concretos, usando a pleno rendimiento toda nuestra sensibilidad corporal y todos nuestros sentidos, pero que se enciende, excita y culmina en nuestro cerebro, era fácil esperar una eclosión emocional y mental en las formas y variedades de sentir y vivir las relaciones sexuales. Los avances en la realidad virtual han revolucionado toda nuestra vida en estos últimos veinte años, pero muy especialmente en materia de sexo”

En mi retro-análisis del sueño, la palabra revolución resonó con miedo en mis aturdidos pensamientos. En cualquier faceta vital, he sido bastante crítico con las revoluciones, creo que los progresos de la especie humana están ligados a evoluciones con un cierto periodo de madurez y asentamiento. La historia, analizada sin pasión, nos ha enseñado que a cada revolución le ha seguido al cabo del tiempo, una contrarevolución que nos ha vuelto a llevar, de un modo u otro, a la casilla de salida en esa faceta.

Desde mi realidad actual, tengo claro que nuestras relaciones sexuales continuarán la evolución que han ido teniendo en al menos, el último medio siglo. Pero lo que estaba entendiendo de mi sueño ficción, era que esa evolución se transformará en una revolución en los próximos veinte años. Ya había intuido algo de esto cuando ficcioné el futuro del cine, aunque voluntariamente evité asociarlo a cualquier tipo de cine erótico.

Lo que mi soñada experta sexóloga estaba indicando, era que habrá dos avances tecnológicos con una influencia directa en la forma de relacionarnos sexualmente en unos años: la realidad virtual y el avance en la creación de humanoides con inteligencia artificial incorporada. Claramente, nuestro morbo tiene tendencia a pensar en cómo será una experiencia de relaciones sexuales con robots, aunque de cara al exterior lo neguemos.

Sin embargo, mi apuesta, y creo que en cierta medida lo que recuerdo de mi sueño lo corrobora, la revolución sexual vendrá de la mano de la realidad virtual. La realidad virtual será capaz de combinar imágenes, sonidos y sensaciones que desaten toda nuestra potencialidad emocional y nos hagan experimentar, y no solo imaginar en primera persona, relaciones, o digamos sin tapujos fantasías, de índole sexual. Y lo que es probable es que esa emocionalidad virtualizada se pueda disfrutar en soledad, pareja o yendo más allá, grupos. A la mayoría actual quizás les cueste reconocer que en las relaciones sexuales de pareja, a veces se introducen componentes de fantasía en forma de terceras personas, imaginación de situaciones o aventuras, que pueden llegar a potenciar el resultado final, en términos de satisfacción de dicha relación. Pues bien, la realidad virtual, disparará esa emocionalidad fantasiosa y sus resultados.

En cuanto al otro avance tecnológico: relaciones sexuales con humanoides, no recuerdo datos exactos traídos desde mi sueño. Por lo que intuyo que, el no ocupar un papel preponderante en la exposición de mi sexóloga, represente que en el 2039 todavía sea algo no real, o al menos de una práctica no extendida y por supuesto, menos exitosa que lo que se logre con la realidad virtual. La razón principal para ello, es que la realidad virtual acercará y facilitará el desarrollo del placer emocional en nuestro cerebro, sin tener tanta dependencia del aspecto físico. Todo lo contrario de lo que sucedería en una relación con humanoides en la que la componente física estaría presente de forma muy parecida a lo que sucede actualmente.

Sí parece más creíble, que una de las profesiones que puedan ser claramente impactadas por la robotización inminente, sean aquellas relacionadas con la prostitución de uno u otro modo. Querría también pensar que la revolución sexual, también impactará espero que positiviamente en temas escabrosos como trata de blancas y otras formas de explotación sexual, y logrará reducirlos y ojalá eliminarlos. Sería una apuesta por la capacidad del ser humano de utilizar los avances para el progreso y no para la destrucción. Desgraciadamente todos estos aspectos no me fueron revelados, ni mucho menos confirmados, en mi sueño y responden a un claro deseo personal.

De repente, me ha venido a la memoria algún recuerdo adicional de mi sueño y que parece que dará respuesta a alguna de mis inquietudes personales sobre mi vida con ochenta años.

Creo recordar que en algún momento de la “teletransmisión emocional” de mi soñada sexóloga, se decía:

“Otra de las ventajas que nos ha aportado la realidad virtual, ha sido la de alargar la vida media útil del ser humano como sujeto participante en relaciones sexuales. Ello se ha debido al lograr desbalancear los resultados, en términos de placer sexual hacia la componente emocional percibida en nuestro cerebro en contra de la necesaria componente física.”

“Nuestros mayores pueden seguir teniendo una vida útil, sexualmente hablando, por más tiempo”, concluía mi tele-transmisora.

Parece pues, si damos credibilidad a estos retro-recuerdos, como a mí me gustaría que fuese habida cuenta de mi edad en el año 2039, que esos comprimidos azulados, que nadie usa, pero que todos sabemos de su existencia, también podrían ser enterrados, o al menos impactados, por la realidad virtual.

No sé si a vosotros os pasará lo mismo, pero a mí me surgen preguntas sobre cómo impactará esta revolución sexual en las relaciones de pareja tal y como las conocemos actualmente. Esta inquietud, me obligó a volver a navegar y repasar los retro-detalles de mis recuerdos soñados. Esto es lo que creo que se comentaba en algún pasaje de la exposición soñada:

“En siglos pasados la etiología de las relaciones de pareja se basaban en el binomio amor-sexo. Siendo necesario que funcionaran armónicamente para que la relación durase. Esto al principio, suele ser fácil. Con el paso del tiempo, al caer en monotonía, aburrimiento, rutina y en casos extremos, desaparición de la faceta sexual, se impacta en la duración y calidad de la relación en pareja. En nuestra realidad actual, al perder protagonismo el sexo, se dispone menos trabas y más oportunidades para potenciar y hacer perdurar el amor”

Al principio, me pareció un poco ñoña y bastante romanticista esta exposición, pero al retro-analizarla por segunda y tercera vez, me fue gustando y decidí adoptarla como una posibilidad real si jugamos bien nuestras cartas tecnológicas en el futuro.

Hasta aquí, todo lo que recuerdo de este nuevo sueño ficción. Confieso que es el que más me ha costado analizar y expresar, ya que trata temas muy personales. Pero parafraseando a un locutor televisivo del siglo pasado en sus despedidas de los telediarios, podría decir: “Así son las cosas (en mi sueño) y así se las hemos contado”