De visita a un “Eco-Domicilio”

Cual campana de Gauss psicosocial, estaba claro que el nivel de intensidad emocional de mis sueños ficción debía atenuarse, so pena de caer en un estado de enajenación somnolienta y nocturna. Así que anoche, me acosté con la clara intención de no hacer nada para provocar estas extrañas reacciones que últimamente he venido sufriendo en mis descansos nocturnos. En vez de lograr un efecto regenerativo, mi sueño se ha convertido aleatoriamente, en una serie futura de fantasías, ilusiones o sesudas disquisiciones, que me han hecho levantarme inquieto, sobreexcitado y con la imperiosa necesidad de plasmar en este diario, los retro-recuerdos que me he traído de vuelta cada mañana al despertar.

Con estos propósitos, recuerdo que anoche me acosté plácidamente y pronto me quedé dormido. Pero como sin quererlo, una nueva ficción se puso en marcha al soñar la llegada de un “holomensaje” de mi “Asistente personal telepático” recordándome una cita en la agenda compartida con mi “partner”, para la tarde de algún día del otoño del 2039. La cita era para visitar el nuevo eco-domicilio al que se acababa de mudar un amigo nuestro.

Al parecer, nuestro amigo se había acogido a la “LORTHED (Ley Orgánica para Regulación de la Transición Habitacional a Eco-Domicilios)” para permutar su antigua vivienda, por una de última generación dotada de los últimos adelantos en domótica, “consumo cero-energético” y totalmente construida con materiales de calificación “verde”.

Dicha “LORTHED” había sido aprobada en el año 2030 y como corresponde a una Ley Orgánica, había necesitado de la mayoría absoluta en el Parlamento. Tras una tormentosa década de crispación política en el arco parlamentario, ésta había sido la primera ley de una nueva época de consenso, pese a la fragmentación del arco parlamentario mantenida en los últimos quince años.

Me he traído de vuelta, un cierto nivel de detalle sobre la redacción de esta ley, en cuanto a ideas y no tanto en cuanto al modelo económico-financiero que la sustentaba.

La mencionada ley había dado un periodo de treinta años para lograr que un alto porcentaje de las viviendas del territorio español fueran eco-sostenibles. Como ya os he dicho, no recuerdo los datos matemáticos, pero sí que dicho porcentaje era superior al cincuenta por ciento.

Dos eran los modos puestos en marcha a través de la citada ley para lograrlo:

- Adaptación de las viviendas de construcción anterior al año 2030, para lograr la calificación de eco-sostenibles nivel 1. Esta calificación consistía en la reducción de un tanto por ciento en los niveles de consumo energético, gasto de agua y generación de residuos. Algo así como un treinta por ciento.

- Permuta o compra de una vivienda de categoría “eco-cero (eco-sostenibles nivel 0)”, es decir sin consumo de energía, ya que la genera en la misma medida que la consume y con gastos de agua y generación de residuos equivalentes aproximadamente a la mitad de lo consumido o generado en las casas no adaptadas.

Las viviendas que no se acogieran a esta ley dentro del periodo de treinta años no podrían ser vendidas ni traspasadas dentro de una herencia a la muerte del total de sus propietarios. Mientras quedase alguno de los propietarios vivos seguiría teniendo derecho al usufructo de la misma. Al fallecimiento del último propietario, el Estado expropiaría, tasaría, daría a los herederos solo un porcentaje del valor tasado y procedería a su demolición. Durante esos treinta años, sí se permitía la venta o herencia, pero con unos altos impuestos progresivos según transcurrían los treinta años, asociados a esa operación.

La misma normativa se aplicaba a los edificios oficiales y centros de fabricación. La única excepción era para los monumentos históricos que deberían reducir en al menos un veinte por ciento los consumos energéticos y la generación de residuos, dentro del plazo de treinta años dado por la ley y para los que obviamente, en ningún caso se hablaba de demolición o expropiación.

También la ley estipulaba, que no se concederían licencias de obras ni de habitabilidad para viviendas que no fueran proyectadas y construidas dentro de la norma de “eco-sostenibiladad cero”. Para no penalizar a las operaciones de construcción o venta que pudieran estar en marcha en la fecha de entrada de la ley, se establecía un periodo de carencia de dos años, creo recordar.

La forma de financiar y facilitar este movimiento ecológico me resultó bastante creativa y curiosa y me hizo pensar que en el futuro los políticos serán de mayor categoría que los actuales, o incluso quizás que hayan cambiado sus atribuciones legislativas. Esto se lograba comparando el gasto en energía, agua e impuestos de basuras y residuos de las viviendas antes y después de la adaptación o permuta. La diferencia sería la cuota de la “hipoteca” a pagar durante los años necesarios hasta la cancelación del coste de la adaptación o permuta. En la permuta se reconocía como pago inicial el equivalente a un porcentaje del valor de la vivienda actual. Es decir, los propietarios mantenían su nivel de gastos, no pagaban más ni menos, pero las viviendas se adaptaban o permutaban y generaban menos gasto enenrgético. Evidentemente los cálculos hasta la cancelación podían suponer décadas. También se entenderá que si algún mes se disparaba el consumo en las nuevas viviendas, ese mes la cancelación de la deuda era menor, pero también podía ocurrir lo contrario. Para evitar los IPCs y similares, los cálculos se basaban en unidades eco-energéticas y se establecía para estas unidades, un valor económico que se revisaba anualmente.

En mi vuelta al mundo presente, hubo algún momento en el que dudé si debería transcribir todo el detalle de esta LORTHED. Al final decidí hacerlo, con la fantaseada ilusión o esperanza, de que los políticos actuales lean mi diario en algún momento, en el que dejen de mirarse su ombligo y analizar lo bien o mal que salen en la foto. Así, se podrían adelantar al futuro y se les despertaría la curiosidad por ser creativos, buscar consensos y darle la vuelta a la forma de abordar los problemas actuales. Realmente no sé si es más sueño ficción mi sueño mismo, o esta última utopía sobre un cambio en la forma de proceder de nuestros políticos actuales. Dicho sea de paso, me aterra y la vez intriga, ser sorprendido en algún sueño futuro con la visión de la profesión de político en el año 2039.

Tras esta larga introducción comentando la ley, vayamos al objeto principal de mi ficción que consiste en un recorrido por el nuevo hogar eco-sostenible de nuestro amigo.

Lo primero que me tuvo que recordar mi “Asistente personal telemático” fue que le teníamos que enviar nuestro perfil dactilar y facial para que se nos autorizase el acceso.

No me acuerdo muy bien cómo nos desplazamos desde nuestra casa hasta el domicilio de nuestro amigo, sí recuerdo que había una distancia de alrededor de 100 kilómetros entre ambos, pero que no tardamos más de una hora de puerta a puerta. Parece que el modo de vida de dentro de veinte años, habrá cambiado también el concepto de ciudad. Gran parte de las nuevas viviendas eco-sostenibles se articularán en torno a pequeños núcleos urbanos, parecidos a los pueblos de antaño. De hecho, parece que muchos de estos núcleos ocuparán espacios de pueblos abandonados por los movimientos migratorios a las grandes capitales del siglo XX.

Esto será en parte posible porque estas eco-viviendas, serán en realidad un centro de vida familiar, aunando la vivienda misma, con un centro de ocio personal y un lugar de tele-trabajo y tele-educación, aparte de otras posibilidades como huerto y pequeño corral robotizados. Para no perder el factor humano, se volverá al tipo de vida alrededor de un vecindario o pueblo de siglos pasados. Todo ello unido con una red de transportes que permitirá, en un tiempo muy razonable, desplazamientos a grandes urbes o centros de ocio integrado. Prácticamente, se podrá atravesar España de punta a punta, en menos de hora y media, hablando de tiempo total de desplazamiento.

Tras ser reconocidos por el sistema de seguridad, se nos permitió el acceso a la vivienda de nuestro amigo y uno de los robots domésticos nos condujo hasta donde estaban él y su partner. Teníamos frecuente contacto virtual con ellos, pero quizás llevábamos algo más de un año sin vernos en persona.

Hay costumbres que parece que no cambiarán en los próximos años, y la obligada visita guida a una nueva casa será una de ellas. Aunque ya la conocíamos en parte, gracias a una visita virtual que nos hicieron en alguna de nuestras “videoconferencias tridimensionales (imagen, sonido y sensaciones)”.

El balance cero energético, se lograba gracias a dispositivos auto-generadores de energía incluidos en la vivienda, como suelos fotovoltaicos, que generaban energía al andar sobre ellos, paneles solares incluidos en todas las ventanas y acristalamientos, aero-generadores domésticos de aspas horizontales y conversores de energía geotérmica en la zona verde del domicilio para calefacción y climatización. En el centro de ocio de la vivienda, se incluían “gadgets energéticos” para transformar el movimiento del ejercicio físico en energía. Incluso, el tratamiento de los pocos residuos y basura generada en la vivienda, producía combustible orgánico que se transformaba en energía. Todos los dispositivos generadores energéticos estaban cableados a una “red domo-energética” para cargar una macro batería. Solo a efectos de redundancia, existía acceso al cableado eléctrico, tal y como lo conocemos hoy en día. Esta conexión se usaba también para devolver a la red eléctrica la posible energía sobrante una vez la batería estaba cargada plenamente.

En cuanto al gasto energético, todos los dispositivos de luz eran de bajo consumo y automáticos, encendiéndose solo al detectar presencia humana. Los gastos en calefacción o aire acondicionado, aparte de ser menores que los actuales por los materiales de construcción y los aislamientos, también incorporaban una gestión inteligente para calentar o enfriar solo las estancias habitadas en un momento concreto. Esta gestión inteligente, no solo analizaba las personas en cada habitación sino también sus necesidades emocionales, no a todos les gusta el mismo nivel de calor o frío. Para ello había en las estancias sensores que analizaban el “mapa de calor emocional” de cada persona.

El suministro de agua, tenía una doble red una para consumo doméstico y de higiene y otra para usos en sanitarios, limpieza o el huerto ecológico robotizado. La primera abastecía a la segunda, no desperdiciándose nada de agua. Todos los grifos tenían sensores para apertura y cierre, evitando pérdidas innecesarias.

También nos enseñaron el “domo-centro de ocio familiar” con posibilidades, entre otras de “turismo virtual”, cine “one2one”, posibilidades para desarrollar los distintos modelos de relaciones sexuales de la pareja, video juegos en “virtual play”. La mayoría de estas funcionalidades se basaba en la “cabina de simulación virtual” apta para una o varias personas.

Las opciones de tele-trabajo y tele-educación se ubicaban en la sala de trabajo, en la que había varias cabinas individuales y alguna más grande multipersona. Para dar servicio a estas opciones se disponía de una red de comunicaciones seguras para acceso a “Internet 3D-8G” y “videoconferencias tridimensionales (imagen, sonido y sensaciones)”. También me llamaron la atención unos extraños “gadgets” con patas móviles, una pantalla incorporada y sensores de deslazamiento que se usaban para permitir mantener estas opciones fuera de la sala de trabajo, por ejemplo en el jardín o en la zona exterior de la casa, algo asó como llevarse la videoconferencia con uno mismo a todas partes, “videoconferencia ubicua” se llamaba esta opción en castellano.

La casa disponía de una red de comunicaciones domótica, redundada, encriptada, mezcla de cableado óptico y capacidades inalámbricas de corto y medio alcance.

La mayoría de las tareas domésticas estaban robotizadas, me refiero a la limpieza, cocinado, lavado, jardinería y pequeñas reparaciones. No penséis en robots humanoides, sino en distintos artilugios con apariencia no humana y diseñados para cada una de las funciones con la suficiente autonomía, capacidad de programación y reprogramación. Especialmente curioso es que por ley todos los dispositivos debían ser tolerantes al fallo siendo redundados para ello y monitorizados en tiempo real por una central que daba servicio al núcleo urbano. Esta central solucionaba, de forma desatendida, cualquier fallo con un tiempo de respuesta inferior al minuto y de reparación, dependiendo de su gravedad y criticidad, entre cinco minutos y una hora máximo. Este último caso, solo para los fallos no urgentes ni críticos.

Uno de los temas de los que nuestros amigos estaban más orgullosos, eran los temas de seguridad. El concepto seguridad englobaba acceso, detección de amenazas de comunicaciones, riesgo en la “red domo-energética”, fugas de agua, riesgo de incendio, intra o extra vivienda, y avisos meteorológicos. Todo lo relacionado con la seguridad en todos sus aspectos, era una de las áreas profesionales más activas y demandadas en esa época.

Por temas de abastecimiento, la casa disponía de frigorífico inteligente para uso frecuente, cámara de refrigeración alimentaria, despensa de alimentos no refrigerados y otra despensa para productos de higiene o limpieza. Todos ellos constaban de departamentos identificados para cada una de las mercancías almacenadas, controlándose la cantidad disponible y su fecha de caducidad. Usando técnicas similares a la gestión de materiales en los procesos productivos del siglo pasado, se determinaba cuando se debía reponer alguno de los productos y se procedía a generar automáticamente el pedido. Para la gestión de estos pedidos, existía también una central de aprovisionamiento en el núcleo urbano que agrupaba todas las necesidades de manera conjunta y optimizaba la logística. Esto se lograba a dos niveles, en un primer nivel la propia central disponía generalmente, de almacenamiento para reponer lo que cada vivienda demandaba y en un segundo nivel generaba los pedidos necesarios, para reponer este almacenamiento o servir directamente a los hogares cuando era necesario. Me resultó interesante comprobar que en la reposición, se abastecía directamente a los habitáculos de los refrigeradores o despensas, disminuyendo los envases intermedios necesarios con la consiguiente reducción de residuos plásticos, de cartón, etc

Adicionalmente, gracias al huerto y corral robotizados, la propia vivienda disponía de capacidad para autoabastecerse de algunos alimentos básicos como verduras, hortalizas y huevos.

Me extrañó en mi despertar que no viéramos el garaje, solo recuerdo un pequeño habitáculo para las bicicletas eléctricas.

¿Sería porque no era necesario disponer de coche, ni siquiera eléctrico? Hasta aquí, los recuerdos de lo que nos enseñaron y vimos por nosotros mismos. Lo último, que despertó nuestra curiosidad, y así se lo preguntamos a nuestros amigos, fue el nivel de relación afectiva y directa que mantenían con el exterior, ya que en una primera impresión podía parecer que las casas disponían de tanto equipamiento y posibilidades como para que no fuera necesario trato humano adicional. La respuesta nos convenció, en realidad, como nos dijeron, esta nueva forma de vida había recuperado el espíritu de los pueblos en el pasado. Aunque hubiera todo lo necesario en casa, se salía a pasear: andando o en bici eléctrica. Se hablaba con los vecinos que te encontrabas o se iba a visitarlos a sus casas con los que tenías más afinidad. Seguían existiendo fiestas o reuniones de amigos y conocidos.

Incluso, aunque no fuera necesario, en el centro del núcleo urbano, se disponían de centros de ocio tradicional para fomentar las relaciones humanas: bares, tiendas gourmet para comida o ropa, salas de debate, que así llamaban, centros virtuales colectivos para cine, turismo y video juegos. También una completa zona deportiva con pistas de padel, multideporte, running, spa y piscina. También nos comentaron que los “monitores del estado de salud personal” evaluaban el tiempo que se pasaba al aire libre y el nivel de ejercicio tradicional, generando alarmas personalizadas, cuando era necesario. También nos dijeron que en el núcleo urbano estaba el “hub de transportes”, con parking para bicicletas eléctricas, parada de autotaxis electricos sin conductor, y estación de conexión con “trasporte eco-propulsado” aéreo y/o terrestre, en el caso de este núcleo urbano. ¿Quizás aquí esté la respuesta al por qué no había garaje en casa de mis amigos?. Seguramente este tema requerirá de la suerte de tener algún sueño ficción futuro sobre el modelo de transporte del año 2039.

Al despertar esta mañana, y revisar todos mis retro-recuerdos para plasmarlos en papel, me ha llamado la atención que la mayoría de dispositivos y tecnología necesarias para que lo soñado pueda ser una realidad futura, está ya a nuestro alcance, bien en fase de investigación, desarrollo o innovación. Será una vez más, la voluntad del ser humano, la correcta gestión de los recursos de investigación y la adecuada toma de decisiones políticas, lo que marque el mayor o menor acierto de mis ficciones.

Una vez más tendré que esperar a mi ochenta cumpleaños para salir de dudas.