¿Conoceremos a los extraterrestres?

Como vengo anticipando las últimas noches, empiezo a sentirme cansado mentalmente e incapaz de imaginar otros temas de interés para mis sueños ficción. No obstante, presiento que aun debería quedarme la traca final de los fuegos artificiales de mis ficciones y tener la despedida que esta serie de relatos se merece. Hasta aquí he llegado imaginando, de un modo más o menos verosímil, mas o menos surrealista, cómo será el futuro que nos espera en temas mundanos, espirituales o sociales, pero todos ellos dentro del espectro de la nuestra vida mental y emocional diaria. Pienso que me gustaría que las últimas ensoñaciones rompieran esta barrera y se adentrasen en mundos más fuera de lo normal. Inmediatamente se me ocurren palabras como pseudo-científicos, paranomales y alucinaciones. Anoto esta idea en la trastienda de mi cerebro, con la esperanza de que sea despertada, cual paradoja léxica, durante mis próximos sueños ficción. Tratando de forzar esta situación, en una especie de entrenamiento previo a la competición nocturna, ayer me pasé gran parte del día leyendo sobre temas relacionados con la previsible o no, colonizacón de otros planetas por parte de los seres humanos. O viceversa, con la posibilidad más aterradora, de que otros seres, humanoides o no, nos visiten, invadan o incluso nos rescaten de un destino fatal. Tras este dopaje mental, me sumergí en mi habitual descanso nocturno. Esto es lo que recordé esta mañana al levantarme, no sin antes notar que todas mis sábanas y ropas estaban desordenadas y humedecidas, fruto sin duda del sudor y desasosiego en el que debió transcurrir mi último sueño. Lo primero que recuerdo es que estaba conversando a través de videoconferencia con alguien a quién identifiqué como una amiga mía australiana, estudiosa y según ella experta, en temas relacionados con la vida fuera de la tierra y la posible existencia de otras civilizaciones extraterrestres. Os narro a continuación lo que según recuerdo de mi sueño, conocía y pensaba de este personaje. Parece que nos habíamos conocido hacia algo menos de veinte años. Al parecer, este mi primer libro, debió tener algo de aceptación y me dio la oportunidad de conocer a otros escritores, ensayistas o estudiosos en general, de temas futuristas y de ciencia ficción. A esta amiga australiana la conocí en remoto cuando asistí en “streaming” a una conferencia que daba sobre qué significaba para ela la vida extraterrestre. Parece ser que entablamos contacto, llegamos a vernos en persona en varias ocasiones, ya que la gustaba visitar España en cuanto tenía la oportunidad y establecimos un cierto grado de amistad, aunque al parecer, cada vez que nos veíamos o hablábamos, me invadía antes y después, cierto desconcierto con sus teorías, mezcla de su raciocinio y yo pienso que también, de alguna alucinación pasajera . Era catalogada mayoritariamente como un personaje de ideas arriesgadas y que generaba polémica en varias de sus interpretaciones y extrapolaciones de cómo habíamos llegado hasta aquí, es decir hasta el planeta Tierra. En contra de lo que pudiera pensarse, su presencia física trasmitía calma y era muy pausada en sus alocuciones, por lo que sus mensajes e ideas, pese a ser desconcertantes, rompían los filtros no verbales y aterrizaban en los cerebros de sus oyentes, desplegando en ese momento toda su carga interpretaiva, de manera sorpresiva y dejando en shock a gran parte de ellos. Aunque estuvieras preparado para afrontar su encuentro y escuchar sus afirmaciones, siempre te rompía la cintura mental y emocional de algún modo. En esta ocasión estaba volviendo a razonarme el por qué no debíamos tener miedo a una colonización extraterrestre. Básicamente decía, porque la veía poco probable, al menos en la forma que los seres humanos podíamos imaginar. Ellal consideraba que nuestro universo era uno de los varios escenarios vitales creados por entes superiores, a los que se refería como dioses. A tal conclusión llegaba después de haber leído, sin afán interpretativo un buen número de libros de distintas procedencias y confesiones, uno de ellos la propia Biblia de nuestra civilización cristiana. Decía que había que leerlos en plano sin buscar interpretarlos en la misma acción de la lectura. Indicaba que en todos siempre se referían o describían seres que, descendiendo desde el cielo nos habían contactado en diversos momentos desde el inicio de nuestra existencia. Inicio que él atribuía a estos mismo seres. El error que decía que siempre habíamos cometido era tratar de humanizar la representación de estos seres y ello impedía progresar en nuestros razonamientos. Concluía: “ya hemos sido visitados en muchas ocasiones a lo largo de los millones de años de existencia de la Tierra y esa es la principal razón para no tener miedo”. No se quedaba aquí en sus exposiciones, proseguía diciendo que otra opción es que fuéramos visitados por otros seres creados por los mismos dioses en alguna otra parte del universo. Para ello deberían haber progresado más rápido que nosotros y deberían tener alguna razón para colonizarnos. Ella, personalmente decía que no encontraba sentido a esta opción; no ya porque no pudieran existir otras civilizaciones, sino que veía poco sentido que un planeta con recursos en vías de agotamiento y sobrepoblado, les pudiera ser de alguna utilidad, mas allá de ideas peregrinas como hacernos sus esclavos; a lo que tampoco le veía mucho sentido ya que si estaban más evolucionados, como lo demostraba el que eran capaces de llegar hasta nosotros antes que nosotros a ellos, deberían disponer sin duda de robots, que harían innecesaria nuestra esclavitud. Por ambos motivos, descartaba una invasión extraterrestre, siempre hablando de seres similares a nosotros, puntualizaba para terminar. Volviendo al tema de los dioses, en algunas ocasiones la había retado con preguntas tales cómo: dónde residen, cuando y por qué volverán a visitarnos. Tremendo error por mi parte, ya que si lo que hayáis podido leer hasta este momento os puede causar sorpresa, hilaridad, incredulidad o cualquier reacción similar o antagónica; esto que os contaré como respuesta que recibí a mis preguntas, superará lo acontecido. Empezaba posicionando su teoría de los “universos n-dimensionales”, más bien hipótesis porque evidentemente no está científicamente explicada ni basada en evidencias demostradas. Al contrario, se basaba en su predicción razonada en base a una correlación de lecturas, extrapolaciones de las mismas, y como ya os he dicho a su maravillosa facilidad cognitiva para alucinar conclusiones. Para ella, los dioses eran seres n-dimensionales, no solamente en dimensiones físicas (largo, ancho, alto y otras para nosotros desconocidas, o temporales (adelante, atrás y n-más), sino también emocionales. Para nosotros como seres tridimensionales en lo físico, bitemporales, aunque solo con capacidad de avanzar hacia adelante en el tiempo y muy inferiores a ellos en las dimensiones emocionales, es imposible traspasar nuestro universo y acceder al de los dioses, al menos en vida matizaba. Todo lo contrario que les ocurre a ellos.

Cuando la decías que no entendías a lo que se refería, siempre te hacía la misma analogía, que confieso que la primera vez que la oí, me impactó fuertemente porque se refería a analogías que yo en algún momento de mi juventud también había pensado. Decía que pensáramos en un mundo de dos dimensiones, con seres también de dos dimensiones y que desconocieran el sentido de subir o bajar. En ese momento, disparaba cual dardo directo a nuestro pensamiento, la siguiente pregunta: ¿Cuántos universos de dos dimensiones cabrían en un universo de tres dimensiones?. Algunos la respondían algo al azar, otros se quedaban en blanco. Ella, tras una pausa muy estudiada, concluía: Infinitos. Casi sin dar tiempo a recuperarse y entender su respuesta, proseguía preguntando retóricamente: ¿Podrían esos seres tridimensionales ver permanentemente y a la vez los infinitos universos bidimensionales? Y se autorrespondía: Por supuesto que sí. Ahora , proseguía, extrapolemos esto a nuestro universo tridimensional y pensemos en dioses n-dimensionales en espacio, tiempo y cognos, por solo citar lo más relevante. Estos dioses estarían permanentemente viendo todo nuestro universo tridimensional, y no solo en lo físico, sino también en pasado, presente y futuro y en lo que pensamos o pensaremos. Y cuando se sentía envalentonada, añadía: Ya está escrito en los libros, los dioses lo ven y lo saben todo. Cerraba la exposición de su teoría diciendo, ¿pueden existir otros universos tridimensionales paralelos al nuestro?, ¿a diferencia de lo que pueden los dioses n-dimensionales, podríamos ver a estos seres extra-universales o nos podrían ver ellos a nosotros? . A estas preguntas ya no se molestaba en responder, asumía que su hipótesis nos tendría que haber convencido y adquirido la categoría de teoría. Si pensáis que esto es lo más extravagante o desconcertante que podríais oír de su boca, os aseguro que os equivocáis. Un subproducto de esta teoría de los “universos n-dimensionales”, era su teoría sobre la creación por los dioses y no por una concatenación de eventos energéticos extraestelares, de nuestro universo. Cómo explicar la creación del mundo en 7 días, la gustaba llamarlo en sus charlas, exposiciones o “psico-libros” sobre la materia. No penséis que cuestionaba la teoría del “Big Bang”, la daba por cierta, pero fruto de un proceso controlado y gobernado, cual laboratorio de ensayo, por los dioses. Tras la creación del universo, se adentraba en cómo había llegado la vida humana al mismo y ahí nos comparaba con una especie de robots muy avanzados creados por los dioses. Por supuesto, con capacidades de inteligencia artificial y autoaprendizaje o “Evolución” como decía que le llamaban los científicos terrestres. Marcaba dos diferencias fundamentales con nuestros robots metálicos y de circuitos electrónicos: nosotros tenemos la capacidad de ser auto-generados (construidos) a partir de un hecho inicial (fecundación) y tenemos una fecha de caducidad. La fecundación fué el agujero que nos introdujo en nuestro universo tridimensional y la muerte será la puerta de salida del mismo. Ese túnel que al parecer refieren quienes han pasado por experiencias cercanas a la muerte, sería la autopista hacia el universo n-dimensional de los dioses. Otras veces sus charlas y exposiciones versaban sobre cómo tratar de explicar ciertos temas relacionados con la vida de Jesucristo, desde el punto de vista de la ciencia tal y como se conoce ahora; y no de la ciencia y tecnología disponibles para la raza humana en la época en que Jesús vivió. Si las teorías anteriores eran disruptivas y la generaban críticas a veces exacerbadas, este punto le había llegado a causar graves problemas al darse de bruces con los fundamentalismos religiosos que se sintieron atacados en su fe y dogmas esenciales. También hubo quién directamente la tachó de loca y le recomendó que se analizase psiquicamente para descubrir cual era la discapacidad que la hacía proferir tales desvaríos. Ella no se inmutaba ante ningún comentario ofensivo y respondía que no podía dejar de hacer uso de su intelecto y buscar una razón, al menos pseudo-científicamente explicable, a cada hecho que se le presentaba. Eso sí, daba continuamente gracias por no haber sido introducida por el agujero de nuestro universo en el tiempo de la Inquisición. En ese caso sin duda, su tránsito por el túnel hacia el universo n-dimensonal hubiera olido a chamuscado. Os daré algunos ejemplos de sus explicaciones sobre hechos relacionados con Jesucristo. Empezaba por el principio como le gustaba decir, y afirmaba sin ruborizarse, que con los conocimientos científicos actuales, es perfectamente entendible el dogma de la Inmaculada Concepción y el calificativo de Hijo de Dios que se le daba a Jesús. Su argumento era simple, hoy en día sabemos que existen técnicas de fecundación artificial, ajenas al acto sexual, como origen de la vida. Más aun, es genéticamente posible influir en el resultado final. El día que estaba envalentonada, iba más allá, decía que si fuéramos capaces de dar realmente con algún resto genéticamente analizable de Jesús y dispusiéramos de los avances técnicos necesarios para reconstruir su mapa genético y compararlo con el de los humanos puros, podría demostrarse la veracidad de sus afirmaciones. No entendía los ataques de los fundamentalistas religiosos, en este caso católicos, ya que muy al contrario de lo que ellos afirmaban, lo que ella estaba haciendo era ratificar desde un punto de vista racional sus creencias sobre la virginidad de María y la divinidad de Jesús. Otro de sus temas favoritos, eran las apariciones descritas en la Biblia. En este caso las comparaba con los hologramas que ya conocemos actualmente y que permiten creer ver algo o a alguien y sentir que nos habla aunque físicamente no esté a nuestro lado. Concluía que cualquier holograma de una persona que vieran nuestros tatarabuelos si despertasen de sus tumbas, seguro que lo consideraban una aparición. Y ya para finalizar de contaros sus extrañas teorías, también tenía alguna explicación para los milagros. Volvía a usar a nuestros tatarabuelos como probeta de ensayo, qué pensarían sobre cómo se curan hoy las cataratas u otras enfermedades visuales, no pensarían que es el milagro de hacer ver a los ciegos. O cuando decía que hoy, en este caso no os olvidéis que estamos en el 2039 y que la medicina habrá avanzado significativamente, se logra revertir una paraplejia o una tetraplejia reconectando los nervios neuronales rotos, no pensarían nuestros tatarabuelos que se puede hacer andar a los paralíticos. O el milagro de convertir el agua en vino, hoy hay procesos químicos asimilables en alguna medida. Hasta aquí algunos de los retro-recuerdos que me traje de tan peculiar personaje y que sin embargo, lo calificaba como amiga. No me atrevo a pensar, que tal calificativo pudiera emanar de mi compartición total o parcial de algunas de sus teorías o extravagantes afirmaciones. Ahora entenderéis porque esta mañana en mi despertar estaba tan confuso y soliviantado. Además empiezo a pensar que debo interrumpir estas aventuras nocturnas de mi imaginación antes de que sea tarde y salga perjudicado. Para aquellos que hayáis resistido y llegado hasta este pasaje de mi libro, reecordad que lo dicho refleja lo que pensaba mi amiga australiana y no son mis desvaríos. No vaya a ser que os hagáis una idea equivocada sobe mi salud mental.