¿Cuándo colonizaremos otros planetas?

Como ya habréis intuido, mi última visión nocturna me dejó bastante desconcertado y exhausto. Probablemente agotó mi depósito mental para estas actividades y dudo mucho que vuelvan a producirse, al menos en un cercano futuro. No me veo con fuerzas para seguir con este empeño hasta que no compruebe las consecuencias de este primer proyecto ensoñador. Sin embargo, no me gusta dejar las cosas a medias; en mi última ficción sobre posibilidades de vida extra-planetaria o extra-universal como le gustaría puntualizar a mi amiga australiana, dejamos de lado la otra vertiente de esta faceta exploratoria. Me refiero, no a la posibilidad de ser visitados por otros entes, sino de ser nosotros los que emprendamos la aventura conquistadora de otros planetas.

Ante la casi segura imposibilitad de tumbarme en la cama y esperar una nueva ficción que me de algo de luz sobre este tema, no me queda más remedio en esta ocasión, que dar un paso al frente y ser yo el que esta vez hable, en primera persona. No voy a volver a hablar sobre la posibilidad de que existan otras formas de vida y cual sea la naturaleza de las mismas. Me centraré en la hipotética necesidad, mas o menos cercana, de que la raza humana deba emprender la colonización de otros planetas, por necesidades de subsistencia. ¿Podríamos llegar a esta situación?, pues desde luego no es un escenario descartable.

A veces todos tenemos la sensación de que estamos inmersos en una espiral de autodestrucción planetaria. No se ve el liderazgo suficiente, y mucho menos el consenso y trabajo colaborativo, entre gobiernos, empresas y el resto de agentes sociales, para ponerse manos a la obra y afrontar de manera eficaz, y no solo de cara a la galería, este problema. Hay una variable adicional, que creo que se nos escapa. Hace unos años, cuando se hablaba de futuros de escasez de recursos alimentarios o energéticos para mantener en condiciones dignas la vida en la Tierra, nunca se tenía la sensación de que lo pudiéramos sufrir en primera persona, se hablaba de como poco cientos de años. La progresión geométrica de estos problemas, nos hace ahora pensar que podamos tener la desgracia de vivir, nosotros o nuestros hijos o nietos, un posible fin del mundo, al menos del mundo tal y como hoy lo conocemos. Lo que alarma sobremanera, es que ante este incremento en la probabilidad de ser agraciados con un asiento en primea fila de este espectáculo de destrucción, no se reaccione aunque, solo sea por un afán instintivo de supervivencia.

A veces llego a pensar que los poderes reales, que no tienen por qué ser precisamente los poderes políticos, que manejan los hilos de este mundo, llevan años trabajando en un plan B para seguir manteniendo su supremacía. Sea como fuera, si nos planteamos una posible colonización de otros planetas, deberíamos dar respuesta a una serie de preguntas clave para analizar la viabilidad de esta expedición. No estamos hablando de hacer turismo galáctico, sino de establecer asentamientos que permitan seguir con nuestra forma de vida, a costa como mucho de ciertos cambios evolutivos en ella, sin que suponga una ruptura de nuestras bases vitales que lleve al fracaso de la iniciativa. También y solo como tormenta de ideas, a lo mejor antes de hablar de explorar otros planetas, se podría hablar de explorar otras formas de vida en la tierra, por ejemplo encima o debajo del mar o incluso en el subsuelo, o por qué no en ciudades en el aire. Evidentemente este es otro cantar, pero como opción ahí está.

Volviendo a las cuestiones clave que hay que plantearse para emprender una misión colonizadora:

- Hay que llegar vivos a destino. Se deben de dar las condiciones para soportar el viaje, no solo de los seres humanos, sino del resto de especies animales o vegetales que se pretendan transportar para implantar en el nuevo mundo. Y no solamente llegar vivos, incluso en una o varias generaciones, si el viaje durase muchos años, sino tener o generar la energía necesaria para realizar el viaje.

- Una vez llegados a destino, se debe lograr hacer crecer la vida humana en ese destino, salvo que sea mas o menos, un clon del planeta Tierra. ¿Cabría incluso hablar de establecer una expedición basada en varios destinos, priorizados según probabilidad de éxito en la implantación? Sería bastante sensato disponer de planes B.

- Se debe mantener la posibilidad de comunicación con la Tierra, para informar del avance y del éxito o fracaso de la misión, sino carecería de sentido y no se podría universalizar un posible éxito. No se trata de ser el primero en ascender el Everest, sino de trazar el camino para que otros muchos puedan emprender esa misma aventura con garantías. Todo ello, debe empezar entonces como es obvio con una certera elección del destino o destinos si mantenemos la idea de tener planes con varias alternativas. Más aun, la elección del destino se debe basar en datos objetivos y que deben ser contrastados con prototipos y pruebas de concepto, si queremos ser serios. Es decir, alguna forma de toma de muestras debe llegar a ese destino antes de mandar seres humanos y con los resultados habría que tratar de crear un entorno de pruebas antes de dar el salto definitivo.

Hasta aquí, nada que no parezca que ya se está haciendo, o eso nos dicen; otra cosa es lo que el normal de los seres humanos sepamos verazmente de lo que se está haciendo y de los resultados que se están obteniendo. Cuando interesa se dan pinceladas de ciertos experimentos y del estado de ciertos programas. Según el estado de ánimo en el que nos encontremos y de la calidad de la comunicación que recibamos, nos creernos más o menos, lo cerca o lejos que estamos de una eficiente colonización de otros planetas o similares.

Otro aspecto a tener muy en cuenta, es si estos trabajos para preparar un viaje de colonización, se hacen por puro interés científico, teoría bastante romántica e incluso buenista, económico o de aumento de poder, o lo que sería peor, por la necesidad de abandonar el planeta ante la inminencia de su destrucción. Alarma mucho en los últimos tiempos, que esta última opción gane enteros en la corriente de opinión individual de cada uno de nosotros. Las dos primeras las aceptaríamos como normales, e incluso las perdonaríamos, si no nos sentimos amenazados.

¿A qué me lleva todo esto?, ¿sería posible colonizar otro u otros planetas, en algún momento el siglo XXI, de modo que lo veamos nosotros, o nuestros hijos o nietos?, Es difícil describirlo. Yo creo en el ser humano y en su capacidad de dar soluciones a retos o problemas. En lo que creo menos es en la voluntad de aunar esfuerzos y tirar todos del mismo extremo de la cuerda a la vez. También pienso que los recursos humanos, económicos y de toda índole necesarios, se podrían destinar a mejorar la vida tal y como la conocemos. Algo así como cuando te dicen: ¿adónde te gustaría viajar? Y a veces nos olvidamos que desconocemos verdaderos placeres turísticos al lado nuestro. En cualquier caso, acepto la pregunta como de interés turístico. Pero, cómo cambiaría la foto, si la pregunta fuera: ¿adónde te gustaría ir a vivir si se arrasara la zona donde vives ahora?. En ese caso mi reacción instintiva, sería: ¿y por qué va a quedar arrasada mi casa?, ¿no se debe hacer algo antes para evitarlo?.

Creo que os habrá quedado claro, que es mucho más difícil hablar en primera persona que esconderse en una ficción soñada, en la que todo se puede desarrollar como queramos o nos guste, sin tener la obligación del acierto final. Lo único que tengo claro es que aun estamos jugando el partido, o al menos la prórroga del mismo, antes de dar por perdida la opción de seguir viviendo en este mundo que conocemos. Acepto que se destinen recursos a la exploración del espacio por interés científico o de conocimiento. Incluso como plan B ante hipotéticos escenarios. No lo acepto si se plantea como salida a una catástrofe que podamos evitar. No es lo mismo que nos impacte un meteorito o que nos autodestruyamos a través de una bomba atómica, por ejemplo. Una última reflexión, en esto como en otras muchas cosas, no sabemos toda la verdad y nos ocultan información a través de estampar el sello de “Secreto de estado” Mi esperanza, al menos en el contexto de esta ópera prima, es que mi octogenario otro yo del 2039, visualizado en mis distintos sueños ficción seguía habitando este mundo, disfrutando de avances tecnológicos y compartiendo su tiempo con su “partner”, hijas, nietos conocidos y desconocidos en el presente, amigos visibles e invisibles, reales y virtuales, etc……. En esto sí que tengo la esperanza de acertar y desde luego pondré todos mis empeños para que así sea.