Un paso más en mi vida

Con sesenta años y un día, sigo pasando obstáculos

Tengo sesenta años, ¿y qué?

Ya tengo sesenta años recién cumplidos. Es inevitable preguntarme si me pasa algo por ello o si ha cambiado algo en mi vida o en mi aspecto físico por pasar era barrera.

De pequeño recuerdo que a los que tenían la suerte de llegar a esa edad, más les valía empezar a arreglar papeles y comenzar a despedirse de sus seres cercanos. Todos pensaban que a ese “anciano” o anciana” le iba quedando poca guerra que dar. Con suerte llegaría a disfrutar unos pocos años como jubilado y doblaría otra decena más, y eso si eras mujer, que para los hombres era más difícil.

Ahora, al llegar a los sesenta, salvo profesionalmente que la situación es parecida o peor a la de cuando yo era pequeño, nos quedan bastantes cosas por hacer. A mí me gusta decir que empieza nuestra tercera juventud. Siendo realistas y aspirando a acercanos a los noventa como fecha de despedida de este mundo, nos queda aún un tercio de nuestra vida por disfrutar. Eso sí, hablando de años plenos, puede que nos queden sólo veinte, los otros diez dependen mucho de la suerte y nuestras circunstancias.

Podemos pensar que el argumento que acabo de usar es poco motivador, pero sí lo transformamos en horas útiles de vida, la cosa cambia mucho. A los sesenta empezamos a abandonar el uso del tiempo para hacer lo que debemos y lo vamos progresivamente transformado en tiempo para hacer lo que queremos. Un sencillo cálculo matemático, considerando esto ultimo, nos llevaría a que nos queda aproximadamente un cincuenta por ciento de nuestra “vida útil” por vivir. Bajo este punto de vista, sí puedo considerarme contento por haber llegado a los sesenta.

¿Cuáles son las claves para que los que alcanzan los sesenta, como yo, nos podamos sentir afortunados?

👍 La primera es sencilla, pese a la mejor o peor realidad que veamos en el espejo, debemos creernos que somos capaces de hacer un montón de cosas. Incluso mejor, pensar que nos quedan muchas cosas por hacer. Con una gran diferencia, hasta este momento hemos trabajado para otros y por otros. Ahora ha llegado el momento de anteponer el yo y pensar en nuestro futuro. Eso abre un abanico de nuevas opciones para seguir viviendo y lo que es más importante, de una manera diferente. Ahora sí se puede con todo aquello que antes no era posible o porque no teníamos tiempo o porque había otras prioridades. Si no tuviéramos aficiones, ahora es necesario que las busquemos. Todo antes que quedarse sentado frente al televisor y acabando con el paso del tiempo hablándole como a un persona.

La segunda 🤩clave es no sólo hacer cosas, sino disfrutar haciéndolo. Ahí es importante hacer notar que la barrera para separar lo que es el disfrute de lo que es puro acto físico, está en nosotros mismos. Si nuestras expectativas son muy altas nunca alcanzaremos el gozo al hacerlas. Esto no consiste en sobrevivir, eso ya lo hemos hecho durante muchos años. Ahora es apreciar todo lo que logremos aunque nos pueda parecer simple.

La tercera y última clave consiste en buscar compañía ❤ para las cosas que hagamos y de las que disfrutemos en esta etapa de nuestra vida. No para cargarles con nuestra rémora, sino para dar plenitud a nuestra existencia. Los seres humanos hemos progresado lentamente durante generaciones porque nos hicimos sociales y nos obligamos a vivir acompañados. La compañía se logra de muchas maneras, no solo teniendo un compañero o compañera permanente. Eso sí, es preciso dar antes para luego recibir y ajustar nuestros intereses a los de la compañía. Si el tener compañía es fundamental en cualquier etapa vital, mucho más a partir de los sesenta. Insistiendo en que no hay que esperar a que venga a nosotros, hay que salir a buscarla. También, y con todos mis respetos, no son los animales domésticos la compañía a la que me refiero. Ellos pueden ser un complemento para quienes les gusten, pero jamás un sustitutivo.

Me podrían venir a mi cabeza muchas más reflexiones para justificar porque me considero afortunado por haber soplado con ilusión y no con miedo las sesenta velas de la tarta. Lo fundamental es seguir dando pedales en la vida, quizás a otro ritmo y con otras pretensiones.