17 de Enero de 2015

Todos hemos oído decir alguna vez que no deberíamos irnos de este mundo sin haber tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro. En el fondo, lo que queremos es que cuando nos llegue el momento de la despedida, pensemos que quedará algo que nos sobrevivirá. Un hijo continuaría nuestro proyecto, un árbol recordaría nuestro trabajo y un libro nos permitiría seguir expresándonos aunque ya no estemos presentes. Yo siempre había intuido que ese triángulo “post-mortem” estaba incompleto, faltaba algo. Creo por fin haberlo descubierto en estos últimos meses a través de la colaboración con los eventos organizados por el grupo local de TD Cares. No solo debemos dedicar nuestro tránsito vital a mantener la especie, a trabajar y a expresar nuestras opiniones. Debemos dedicarnos también a ayudar a los demás. Pese a estar continuamente quejándonos, somos unos afortunados y tenemos mucho más de lo que tienen otros. Cuántos de nosotros no les hemos dicho a nuestro hijos: no te quejes, cómete todo, que hay mucha gente que pasa hambre. Realmente lo que queríamos era que ellos se alimentaran usando como arma la comparativa de su situación con la de otros no tan afortunados. Lo realmente difícil es conseguir que ellos se alimenten a la vez que damos alimento a los no tan afortunados. A bote pronto muchos pensaréis que eso es imposible, pero no es así. El pasado viernes 9 de enero cuando logramos que TD Cares invitara a 26 niños y 6 cuidadoras al musical del Rey León, pensábamos que íbamos a lograr, al menos por unos momentos, decirles “no te preocupes se feliz”. Pero, mientras estos niños quizás se sintieron “alimentados” con lo que les dábamos, nosotros nos sentimos alimentados por lo que nos daban y por permitirnos ayudarles. Creo y deseo que hayamos conseguido, que esos 26 niños hayan podido sentirse totalmente normales yendo con su gran familia al teatro, contando a sus compañeros de colegio lo que han visto, recordando dentro de algunos años, cuando quizás nosotros ya no estemos aquí, aquel día que vivieron la historia del cachorro Simba, que traicionado por alguien de su familia, arrebatado de golpe el referente de su padre, separado de su entorno, es acogido por Timón y Pumba, que se convierten en su verdadera familia. Qué tremendas coincidencias con las situaciones que afrontan estos niños. Tengo claro que todos y cada uno de los que hemos dedicado un poco de nuestro tiempo a hacer posible este evento, hemos recibido mucho más de lo que hemos dado y hemos encontrado esa “cuarta” dimensión de nuestra vida: el voluntariado. Tanto es así que estamos ya deseando planificar las próximas actividades para el 2015. No queremos que nos den las gracias, somos nosotros los que tenemos que darles las gracias.