¿EN QUIÉN CREER?

Hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, sería muy fácil establecer un ranking de quienes son las personas que son los referentes para el resto del mundo. Bastaría ordenar por el número de seguidores en las redes sociales. Si así lo hiciéramos, los primeros puestos estarían copados por “youtubers”, “influencers”, futbolistas, cantantes más o menos estridentes y provocadores, personajes de “reality shows” y algún politiquillo de escaso nivel moral e intelectual. Y lo que es peor, todos negaríamos ser alguno de esos millones de seguidores de tan insignes seres humanos.

No es de extrañar, a la vista de lo anterior, que un sentimiento general de pesimismo invada a las sociedades occidentales o del llamado primer mundo. Dejo a un lado a los otros mundos, ya que, para ellos, nosotros somos sus referentes. Los que no tienen nada, quieren ser como nosotros porque piensan que nuestra vida es plena y llena de oportunidades. Y por eso, se empeñan en cometer nuestros mismos errores. Necesitamos un rearme moral con urgencia y nadie, más que nosotros mismos, puede lograrlo.

Gracias a las nuevas tecnologías se ha demostrado que pequeños pasos dados por seres individuales, si logran tener la trascendencia y repercusión adecuadas, pueden dar un vuelco a nuestro pesimismo. Tenemos que empezar a creer en nosotros mismos y demostrarlo dando pequeños pasos individuales en la dirección adecuada. Nuestra vida debería ser un continuo aprendizaje. Sin olvidar que se aprende a vivir viviendo.

¿Cuáles son los ingredientes básicos con los que debemos cocinar, a fuego lento, la plenitud de nuestra vida? Para mi serían estos y no quiero parecer cursi:

- Necesitamos amar y ser amados.

- Debemos perdonar y ser perdonados.

- Hemos de acompañar y ser acompañados.

- Tenemos que enseñar y ser enseñados.

-Hay que perder el miedo a caerse y levantarse, a la vez que si vemos caer a alguien, tenemos que ayudarle a levantarse.

¿Os parece imposible de lograr? Serán nuestras pequeñas gotas de agua las que unidas a las de los demás, primero llenarán un vaso, luego un cubo y acabarán formando ríos y mares. Más que buscar las dificultades que nos impiden caminar, deberiamos pensar en cómo sacarle partido a lo poco o mucho que tengamos en nuestra vida. Hemos de tener claro cuál queremos que sea el objetivo de nuestra vida, establecerlo en nuestro plan existencial, pelear cada día por él y buscar compañeros de viaje.

Si hacemos caso a los modelos que transmiten los referentes que mencioné al principio, podríamos pensar que nuestro objetivo vital debería ser ganar mucho dinero, ser muy famosos, mandar mucho, ser deseados sexualmente y otro sinfín de sin sentidos. Y si además lo podemos conseguir rápido, mejor. Esto sería como aprender a vivir muriendo, porque un día después de que desaparezcamos nadie nos echará de menos. Fijaros en todos los problemas que ocasionan las herencias de los famosos y si alguien les echa realmente de menos.

Por contra, podemos aprender a vivir viviendo si aprendemos a hacer cosas sencillas, pero que sean valoradas por nuestros compañeros de viaje y que nos hagan sentir como personas. Al ser humano actual nos falta autoestima y autoconfianza. Por eso nos dejamos llevar por el derrotismo y caemos en depresiones no siempre justificadas. Y esa es la razón de que nuestros referentes sean los falsos profetas de las redes sociales. También esa es la causa de que prefiramos seguir, o escondernos, en mandatos divinos o políticos, en vez de pensar por nosotros mismos, pelear por nuestros derechos y asumir nuestros deberes como habitantes de este mundo que nos ha tocado. Otro futuro es posible si empezamos a creernos la fuerza individual que nos da nuestro presente.

Os pido y os animo a que os lo creáis y hagáis un buen uso de vuestra valía individual, sea cual sea.